El Glorioso Evangelio


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2 El Glorioso Evangelio Índice Primera De Juan. 1 por Virgilio Crook La Nueva Jerusalén.. 5 por Douglas L. Crook El Evangelio De Pablo 9 por David Franklin Editores Virgilio H. Crook y Douglas L. Crook 4535 Wadsworth Blvd., Wheat Ridge, CO, Vol. 96 N o 07 Impreso Mensualmente por EGE Ministries Gratis No Se Vende

3 Lecciones Sobre Primera De Juan por Virgilio Crook Lección Ocho - Capítulo 3.1 al 3 - CAPÍTULO TRES - Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados Hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. (3.1) Dios ciertamente amó al mundo y el amor de Dios se extendió a todo hombre. Esto vemos en Juan Aquí en su epístola, Juan no está hablando del amor de Dios, sino del amor del Padre. Dios amó a todo el mundo y dio oportunidad a todos; pero su amor como Padre, él muestra solamente a los hijos. El mundo puede conocer el amor de Dios, pero no sabe nada del amor del Padre, y Juan llama nuestra atención a este amor. Está hablando aquí, no de la cantidad o grandeza del amor, sino de la CALIDAD DE AMOR. Dios, como Padre, nos muestra la calidad de su amor. Dice: para que seamos llamados hijos de Dios. El amor del Padre impresionó mucho a Juan. Éramos antes criaturas de Dios, así fue Adán, pero él cayó en pecado y hubo separación; pero Dios rescató a la humanidad y nos ha dado un lugar superior. No somos simplemente criaturas, sino hijos de Dios. Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, o mirad que calidad de amor con el cual el Padre nos ha colmado. o con el cual el Padre nos ha prodigado. 'Prodigar' significa: 'dar con profusión y abundancia.' Viene de aquí la palabra, pródigo: uno que gasta la plata como si no tuviese fin. Como el hijo pródigo tiraba la plata como si no tuviese fin, el amor 1

4 de Dios es así, nos ha colmado con su amor con profusión y abundancia. Somos llamados hijos de Dios. En la mayoría de las versiones se añade una frase no encontrada en la Versión Revisada y tampoco la encontramos en la Versión Antigua; pero sí, en la Versión Moderna y otras versiones. Esa frase es: Para que seamos llamados hijos de Dios, y así en efecto lo somos. No solamente llamados así, sino realmente somos hijos de Dios, pues no es solamente como un título. Da énfasis que es más que simplemente un título, por esto el mundo no nos conoce. A nosotros, no se nos reconoce como hijos de Dios, porque no se conoce a nuestro Padre; si lo conociesen a él, también nos conocerían a nosotros. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. (3.2) La cosa más hermosa de los escritos de Juan es que son tan simples y directos. Como podemos tener duda cuando él dice así: Amados, ahora somos hijos de Dios, como diciendo que esta relación nunca va a cambiar, pues si somos hijos ahora, para siempre lo seremos. En lo natural el que es hijo de fulano siempre lo es. Esta relación no cambia, ni ahora, ni por los siglos. Tal vez no entendemos todo lo que significa ser hijo de Dios, pero lo somos igual; Y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Esto no indica que habrá un cambio de relación, porque somos hijos ahora y para siempre; pero todavía no se ha manifestado nuestra calidad de hijo en toda su plenitud. Somos hijos ahora, pero la plenitud de esta relación no se ha manifestado todavía. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Romanos 8.19 Pablo aquí habla de la manifestación de los hijos de Dios y de esto también habla Juan en el versículo dos. Somos hijos ahora mismo y andamos así en esta tierra manifestando la vida de Cristo que hay en nosotros, pero ahora mismo no 2

5 podemos manifestarla en su plenitud. Cuando andamos por la calle, quien sabe que somos hijos de Dios, al mirarnos así no más. Por supuesto, por nuestro comportamiento se dan cuenta; pero esta calidad de hijo que tenemos está tapada (en cuanto a su manifestación), porque andamos todavía en cuerpos de humillación. Tal vez en la cara hay un brillo que es el reflejo de la vida nueva, pero más que esto no, porque llevamos todavía cuerpos de humillación, pero esto tendrá un cambio. La creación misma lo sabrá. Manifestación significa: quitar la tapa, revelar o hacer desnudo. Ahora los santos están envueltos en el común papel marrón de la carne, lo cual es un vaso de barro con apariencia física como cualquiera. Pero Dios quitará el papel marrón y nos dará cuerpo glorificado y sus hijos serán revelados. Entonces nuestra calidad de hijo será revelada a todo el mundo. Aun hoy está esa manifestación pero es muy limitada. El mundo todavía no sabe lo que es un 'hijo de Dios' en su plenitud, pero un día lo verá en todo su poder, en toda su hermosura y en toda su gloria. Gloria: ésta el hombre no ve ahora, pero más adelante esta gloria se va a revelar. Podemos declarar que somos hijos de Dios, pero la manifestación plena de nuestra calidad no está vista todavía....pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. (3.2) Este versículo habla de la venida del Señor Jesucristo. Dice: seremos semejantes a él, pues el hombre llega a ser semejante a quien él adora. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos, dice el salmista en Salmo 115.8, hablando acerca de los ídolos, de la idolatría y la adoración de los ídolos. El idólatra llega a ser semejante a su ídolo. Lo mismo en cuanto a nosotros. A quien adoramos, llegamos a ser semejantes. En el versículo dos, se habla de una transformación instantánea. Esta transformación ya está en camino, como 3

6 nos dice el apóstol Pablo en 2ª Corintios 3.18: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta, como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. Somos cambiados de gloria en gloria, y nuestra semejanza allí en la gloria será según nuestra fe y apropiación ahora. La semejanza del versículo dos se relaciona con lo que vemos, y no todos los creyentes tienen la misma visión. Todos seremos transformados, pero algunos tendrán más semejanza a Cristo que otros y esto depende de nuestra fe ahora. Algunos estarán más cerca y le verán mejor, y otros más lejos y no le verán tan claramente. Estamos en preparación para todas estas cosas ahora. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. (3.3) La esperanza de la venida de Jesucristo es una esperanza purificadora. La esperanza está dentro de uno mismo, o sea, en nuestro ser; pero la esperanza es sobre Cristo. La Versión Moderna dice: Y todo aquel que tiene esta esperanza puesta en él, que habla de poner, colocar, o fijar la esperanza sobre él. Él mismo es esta esperanza, pero también está dentro de nosotros. Se purifica a sí mismo, nos habla de resistir toda influencia contraria, y esto como un hábito. Es así como él es puro. Jesús es siempre el modelo y la norma. El creyente se purifica a sí mismo así como Cristo es puro, pues toma a Cristo como modelo, como ejemplo de pureza y se purifica a sí mismo constante y conscientemente. El remedio para la carnalidad y la mundanalidad es la venida de Cristo. No andamos como hombres ni participamos del mundo porque de pronto viene el Señor Jesucristo y esta es una esperanza que nos purifica. Vimos en el capítulo 2.28, Para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados, porque no queremos tener vergüenza cuando él venga, sino queremos tener confianza. 4

7 La Nueva Jerusalén, Nuestro Hogar Eterno por Douglas L. Crook Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Apocalipsis 21.2 Como creyentes en Cristo, necesitamos entender bien la verdad preciosa del lugar dónde pasaremos la eternidad. Este entendimiento afectará la manera en que vivimos ahora. La Iglesia, en su mayoría, no entiende ni predica esta realidad de un hogar en los cielos que durará por la eternidad. La Iglesia moderna quiere disfrutar todos los beneficios del evangelio, (la doctrina de amor, la justicia, la paz y el contentamiento), pero sin tener que explicar la deidad de Jesús y sin tener que explicar la realidad de la Nueva Jerusalén. Saben que el mundo no va a creer algo tan sobrenatural. Por la incredulidad del mundo la Iglesia compromete la verdad para no sufrir vergüenza. Muchos presentan los cielos como algún estado ideal aquí sobre esta tierra que se realizará si todos los creyentes hacen su parte para mejorar la sociedad. Esto no es el hogar eterno de los redimidos que la Biblia enseña. Vamos a estudiar algunas escrituras sobre este tema para obtener una perspectiva bíblica de nuestro hogar celestial. La Nueva Jerusalén es tanto una realidad como Jesús mismo. Vemos en Juan 14.1 al 7 que Jesús hizo todo lo que hizo en la cruz para que pudiéramos vivir dónde él y su Padre viven. Hay muchas moradas en la casa de Dios y Jesús volvió a los cielos para prepararnos lugar. Este lugar es un lugar preparado. Nuestro hogar nos espera. Es claramente el lugar del trono del Altísimo que él va a compartir con una raza de hombres redimidos y glorificados. El hombre religioso piensa 5

8 que hay varios caminos al cielo pero Jesús declara que hay un solo camino, una sola entrada. Esta entrada no es por ser miembro de cierta Iglesia o por cumplir una lista de cosas, sino es Jesús mismo. Por creer que Jesús es el Hijo de Dios y que murió por sus pecados es la única manera de estar seguro de vivir con Cristo por la eternidad en los cielos. Es por la fe, nada más, nada menos. Para el hombre es difícil comprender el pensamiento de un lugar tan glorioso. Es difícil porque nunca vio tal cosa. Pero la realidad de la Nueva Jerusalén es una revelación del Espíritu. Hay muchas cosas que el hombre no puede entender con los cinco sentidos. Lo visible y lo físico son tan limitados y temporáneos. Por revelación de cosas espirituales entendemos tanto más. Antes bien, como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó ni han subido en el corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 1ª Corintios 2.9, 10 No podemos explicar todo en cuanto a los cielos pero tenemos toda confianza que son preparados para nosotros porque el Espíritu nos ha dado una mirada de ellos en las Escrituras. Leemos en Filipenses 3.20, 21 de un hecho muy importante en cuanto a la identificación del creyente con los cielos en esta vida. Nuestra ciudadanía esta en los cielos. No dice que seremos ciudadanos algún día, sino ahora mismo. Ya somos ciudadanos de los cielos. Nunca hemos estado en los cielos. Cómo podemos ser ciudadanos? Por nacer de arriba. (Juan 3.3) Al momento que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador ya somos ciudadanos de los cielos. Tenemos la ciudadanía de nuestro Padre! Los cielos es nuestra patria. Pertenecemos a ellos y de ellos esperamos a Jesús, quien volverá para nosotros y transformará este cuerpo de humillación para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya. Gloria a Dios! Algún día vamos a nuestra patria celestial. El Glorioso Evangelio 4535 Wadsworth Blvd Wheat Ridge, CO USA 6

9 Gratis No Se Vende Tenemos un buen cuadro de los cielos en el libro de Apocalipsis. Lea Apocalipsis 7.16, 17 y los capítulos 21 y 22. Qué lugar glorioso! No es lugar de fantasma. Tampoco es un lugar de vacación donde nos sentaremos charlando con nuestros amados acerca de acontecimientos de esta vida, sino es el lugar donde están Dios y su Hijo. Los cielos están llenos de actividad. Vemos a sus habitantes alabando, sirviendo y reinando. En los cielos estaremos haciendo la voluntad de Dios en su gloriosa presencia durante toda la eternidad. La Nueva Jerusalén está llena de gloria, luz, belleza y vida. En ella no se encuentran lágrimas, muerte, dolor ni llanto. El hombre duda que tal lugar existe. Aun los creyentes a veces se preguntan si puede ser. Cómo podemos dudar? Creemos en el Hijo del hombre que dio a comer a los cinco mil, que sanó a los enfermos, que levantó a los muertos? No es cierto que hemos recibido por fe en él ayuda en tiempo de prueba, provisión en tiempo de necesidad, consuelo en tiempo de dolor y sanidad en tiempo de enfermedad? Pues, este mismo Jesús es el que estará en los cielos! Además, el pecado que causa toda nuestra tristeza no estará allá. Gloria! Qué atracción tiene la ciudad celestial para mí! Creo en la gloria de los cielos porque creo en Jesús, y he visto en una manera limitada su gloria obrando en mi vida. Algún día le veré en toda su gloria sin limitaciones. El entendimiento de los cielos que recibimos por leer las Escrituras, y por revelación del Espíritu, debe afectar la manera en que vivimos nuestra vida hoy día. Hasta qué grado la esperanza de la Nueva Jerusalén nos afecta ahora, así será nuestra posición o gloria en los cielos. Vamos a notar algunas actitudes que la esperanza de gloria producirá en el corazón si esa esperanza es viva en nuestra vida. Primero, en Hebreos 11.8 al 16 vemos que esta esperanza de una ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios le causó a Abraham a portarse como peregrino en esta tierra. Un peregrino viaja con un destino específico en su mente. No vagabundea sin 7

10 propósito. El peregrino nunca está contento con lo que ofrece un país ajeno, sino siempre encuentra satisfacción y gozo en la esperanza de un país mejor. Se ocupa por aprender las costumbres y el idioma de su morada permanente a la cual está viajando, en vez de ocuparse con las costumbres y el idioma de las tierras ajenas por las cuales está pasando. Colosenses 3.1 al 4 dice que debemos buscar las cosas de arriba y poner la mira en las cosas de arriba, no en las cosas de la tierra. Haremos esto solamente si entendemos que somos peregrinos en esta vida, viajando a una ciudad específica: la Nueva Jerusalén. Otro aspecto del creyente en esta vida, como ciudadano de los cielos, es que somos embajadores de nuestra patria. (2ª Corintios 3.20) Somos enviados con el propósito de representar nuestra patria. Proclamamos el mensaje de gloria que es, Cristo en nosotros, la esperanza de gloria. (Colosenses 1.25 al 29) Es con este propósito que estamos sobre esta tierra. Vivamos de tal manera que nuestra Patria Celestial con toda su gloria, justicia y amor sea justamente representada en este mundo. Vivimos en anticipación de la Nueva Jerusalén, y a la vez representamos a ella en esta vida. Muchos creyentes hablan de los cielos como si fuesen simplemente una manera de escapar todos sus problemas. Quiero morir o quiero que venga Jesús para que no tenga que pagar yo esta deuda o afrontar esa prueba, dicen. Pero tal actitud es una de negligencia. La verdadera esperanza de gloria nos da una perspectiva de esta vida en la luz de la venidera. Yo no quiero morir ni un día temprano y así ser negligente en cuanto a mis responsabilidades, como embajador de la gracia de Dios. Pero a la vez espero con mucha anticipación el día en que voy a ser llevado a mi hogar en los cielos, por él que murió por mis pecados, para que yo pudiera estar dónde él está. Por tanto procuramos también. o ausentes (del Señor; vivos) o presentes (con él en los cielos), serle agradables. 2ª Corintios

11 El Evangelio De Pablo por David Franklin (cuarta parte) En Filipenses, capítulo tres, verso ocho, Pablo escribió; Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo. Esto no es una enseñanza popular. Es de la Escritura, pero son pocos los que están dispuestos a perder todo para ganar a Cristo. Lea 1ª Timoteo 6.5. Note que el apóstol habló de ganar a Cristo. Este es el premio por el cual él estuvo presto a sufrir la pérdida de todo lo que anteriormente había estimado como ganancia. De todos los escritores inspirados, sólo él nos habla de ganar a Cristo. A primera vista, esto parecerá contrario a lo que sabemos del ofrecimiento de la salvación de Dios. La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 6.23 Sabemos que esta vida eterna es Cristo en nosotros. En Romanos 5.15, 16, Pablo la llamó el don. Si Cristo en nosotros es un don, entonces por qué habló Pablo de ganar a Cristo? Ya que Dios no se contradice a sí mismo, y ya que toda su palabra es verdad, debemos concluir que hay algo más de Cristo que podemos ganar como un premio: una recompensa. Pablo también refiere a esto como el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3.14 Al hablar de ganar este premio, su comparación es con un hombre empeñado en una competencia deportiva: particularmente una carrera. No se gana el premio por 9

12 entrar en la competencia (por aceptar vida eterna en Cristo) sino por correr de tal manera que gane. Lea 1ª Corintios 9.24 a 27. Pablo enseña claramente que no todos los creyentes ganarían la carrera, aunque todos pueden. Pero pocos corren de tal manera que lo obtengan. La manera del mundo o las religiones, u otros objetivos espirituales, tienen prioridad sobre el deseo de ganar a Cristo. Pablo habló de su propia predicación, pero expresó preocupación de llegar a ser eliminado. Esta frase es mejor traducido, no aprobado para el premio. Ni las buenas obras, aunque guiadas por el Espíritu, no nos aseguran ganar. Un crecimiento lleno de fe, un enfoque de la vida en el plan eterno de Dios, en vez de los problemas y actividades presentes, es lo que gana el premio. Esto requiere un propósito singular. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 1ª Corintios 9.25 Pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3.13, 14 Todas las cosas deben contribuir a un solo fin: ganar a Cristo. Pablo no dejó de hacer buenas obras. Estas son una parte de la carrera; muchas veces son el campo de batalla donde se ganan nuestras victorias. Pero dijo que el único deseo que motivó su vida, fue el de ganar a Cristo. Toda buena obra llegó a ser instrumento para ese fin. Pablo habló de ganar a Cristo como su deseo de asir (echar mano de) aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Filipenses 3.12 Jesucristo había echado mano de la vida de Pablo en el camino a Damasco muchos años atrás. Había echado mano de Pablo para un propósito especifico. En los años entre ese día y cuando él 10

13 escribió a los Filipenses, Pablo había servido al Señor con toda su fuerza, y con buenos resultados. Sin embargo escribió; Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago... Filipenses 3.13 Pablo creyó que somos salvos para ganar a Cristo. Hasta estar seguro de haber hecho eso, no creyó que había hecho toda la voluntad de Dios. En este mismo capítulo escribió; si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. Filipenses 3.11 Otra vez, si usted no entiende esto, le parecerá una contradicción. Algunos interpretan las palabras de Pablo diciendo que su propia salvación no era segura. No es así; los tales tuercen dichas palabras para sus propios daños. La vida eterna es eterna, el don de Dios es un don, y perdón no es libertad condicional. Al hablar de la resurrección y el arrebatamiento, Pablo dijo enfáticamente, refiriéndose a los que han confiado en Cristo, todos seremos transformados. 1ª Corintios Absolutamente no expresó ninguna duda acerca de esto, y no nos dejó lugar para creer que los salvos tienen que ganar el derecho para tener parte en la resurrección. A qué se refería, entonces, cuando habló de llegar a la resurrección de entre los muertos? Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden. 1ª Corintios 15.22, 23 Sí, habrán distintos órdenes de creyentes en la resurrección. Tendrán distintas glorias? Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. 1ª Corintios 15.41, 42 Algunos del pueblo de Dios echarán mano del propósito de Dios; otros no. La palabra griega traducida resurrección en Filipenses 3.11 fue usada solamente una vez en la 11

14 Biblia entera. Quiere decir literalmente, una resurrección de entre los muertos, así como es traducida en castellano. El supremo llamamiento de Dios literalmente quiere decir el llamamiento de Dios hacia arriba. Pablo iguala el ganar a Cristo con la participación en una resurrección especial. En otros lugares, Pablo contó más de lo que significa asirse de ese propósito por el cual Cristo nos asió. Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negaremos, él también nos negará. 2ª Timoteo 2.12 La palabra traducida allí como reinar quiere decir gobernar como iguales o co-iguales. No todos los creyentes prosiguen a este lugar con Cristo. Si le negamos el derecho de gobernar en nuestra vida, nos negará el derecho de reinar con él. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Romanos 8.17 Todos los que creen son herederos de la vida eterna; los que sufren con Cristo serán coherederos en toda su gloria. Vea también Filipenses 3.10 Leemos de gloria, y de recompensas, en otras partes de las Escrituras, pero únicamente Pablo nos ha contado de la gloria y la recompensa ofrecidas especialmente a nosotros. Considere esta ilustración en conclusión. Cada estado (provincia o departamento) de los Estados Unidos de Norteamérica tiene sus propias leyes que gobiernan a aquellos que conducen por sus rutas y calles. Si usted obtiene una copia del manual de conductor de cada estado, los encontrará muy semejantes. Puede aprender buenos hábitos de conducción de cada uno. Pero para conseguir un registro en el estado de Kansas, no va a estudiar las leyes del estado de California. Las diferencias, algunas grandes, pero principalmente pequeñas, entre lo que fue 12

15 escrito para los de California y lo que fue escrito para los de Kansas ciertamente le causaría fallar el examen. El evangelio de Pablo fue inspirado por el Espíritu Santo y fue escrito especialmente para los que confían en Cristo en esta edad. El mismo Cristo que llamó a Pablo para ser nuestro apóstol es el gran Examinador y Juez. (Gálatas 1.1; Efesios 4.7 al 10; 2ª Timoteo 4.8) Si procuramos seguir las instrucciones que Dios dio a otros, en vez de las que nos dio a nosotros, le estamos negando el derecho de gobernar nuestra vida. Él, en conformidad, nos negará el derecho de disfrutar la gloria más alta con él. Si estudiamos su palabra, creyendo todo, pero usando el evangelio de Pablo para determinar cuales de los propósitos de Dios se aplican directamente a nosotros, entonces tendremos una esperanza segura que ganaremos el premio que él ha puesto delante de nosotros. 9607

16 % Virgil Crook 4535 Wadsworth Blvd Wheat Ridge, CO USA

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